20 abril, el día de Saadi


La tumba de Saadi en Shiraz

En Irán, hoy, 20 de abril, es el día de la conmemoración del poeta persa Saadi (1210- 1291). Por eso vamos a publicar nueve cuentos cortos de su libro Rosaleda traducido por Joaquín Rodriguez Vargas publicado en el año 2007.

1. A un derviche que se consumía en el fuego de la pobreza y que ponía remiendos a los remiendos de su ropa, le oí decir para consolarse:

Conformémonos con una hogaza

y un ropaje recosido,

que soportar la desgracia

es mejor que estar agradecido.

Alguien le dijo: «Por qué estás ahí sentado si fulano de tal, que vive en esta ciudad, tiene un carácter generoso para con todos y está dispuesto a servir a los que se han liberado del mundo y a reconfortar todos los corazones. Si él conociera el estado en el que te encuentras te atendería para dignificar el recuerdo de la buena gente.» Respondió: «Cállate, que es mejor morir indigente que pedirle a la gente.»

Es mejor remendar parches y resignarse

que pedir a los señores y rebajarse.

Ciertamente el tormento infernal

e ir al cielo mediando el vecino, es igual.


2. Me quejé ante un sheij y le dije: «Fulano me ha acusado falsamente de corrupción». Me contestó: «Ponlo en vergüenza mediante tu buena conducta»

Pórtate bien y así el malpensado

no tendrá ocasión para criticar,

que, si el laúd no está desafinado,

no debe ser afinado por el juglar.


3. Le preguntaron a Luqmán el Sabio. «¿De quién has aprendido la educación?» Contestó: «De los maleducados; todos los actos que de ellos me desagradaban, yo los evitaba:

Hasta de lo sólo es palabrería

el hombre sabio saca consejo y provecho,

empero al ignorante le suena a tontería

cien capítulos de un libro de proverbios.


4. Un caminante descalzo y con la cabeza desnuda que venía de Cufa con la caravana de peregrinos se agregó a nosotros. No tenía enseres ni provisiones, y mientras caminaba decía:

No voy bajo carga como buey

ni montado voy en camello,

no soy paje de ningún rey

ni soy señor de plebeyos,

ni la pobreza me inquieta

ni por los bienes suspiro,

vivo la vida que me queda

y tranquilo respiro.

Uno que iba montado en camello le dijo: «¿Adónde vas, derviche? ¡Regresa o perecerás por la dureza del camino!». El derviche no hizo caso y siguió adentrándose en el desierto. Cuando llegamos al palmeral de los Bani Mahmud, al rico le sobrevino la muerte. El derviche acudió a su lecho de muerte y le dijo: «Yo no me he muerto en la dureza del camino y tú te mueres recorriéndolo a lomos de un camello».

Uno estuvo llorando la noche entera

junto a un enfermo en su cabecera.

Cuando se hizo el día él murió

mientras que el enfermo, se curó.

¡Cuántos caballos ligeros han perecido

mientras el burro cojo llegó a su destino!

¡Y a cuántos sanos hemos dado sepultura

mientras el herido ha hallado buena cura!


5. Cierto rey se encontraba en invierno de caza con varios de sus cortesanos, lejos de cualquier lugar habitado. Anocheció y vieron la casa de un campesino. El rey dijo: «Pasemos allí la noche para no padecer los rigores del frío.» Uno de los visires le dijo: «No es digno de la elevada majestad de los reyes refugiarse en la casa de un campesino. Levantemos aquí mismo una tienda de campaña y encendamos una hoguera.» El campesino se enteró de aquello, preparó lo que tenía a mano, se lo ofreció [al rey], besó el suelo y dijo: «La elevada majestad del sultán no se vería mermada ni un ápice, sin embargo, no han querido que la dignidad del campesino subiera.» Al rey le agradaron aquellas palabras. Aquella noche se trasladaron a su casa y por la mañana fue agasajado con un traje de honor y otras dádivas. El campesino, mientras iba junto al rey iba diciendo:

Nada ha mermado la pompadel soberano

por haber sido invitado por un aldeano.

Pero una punta de mi gorro vio la luz del sol

al proyectarse la sombra de un rey como vos.


6. Me vine a topar con un mercader que tenía ciento cincuenta camellos cargados y cuarenta esclavos como sirvientes. Una noche, en la isla de Kish, me llevó hasta su aposento. No descansó en toda la noche pues estuvo profiriendo desatinos como: «Tengo un almacén en el Turquestán, tal mercancía se encuentra en la India, esto es el pagaré de tales tierras, este otro de tal género y este documento es de tal aval”. Algunas veces decía: «Me gustaría viajar a Alejandría pues tiene un clima agradable”. Para continuar: «No, que el mar del Magreb [1] está muy agitado. ¡Oh Sa‘dí! Tengo a la vista un viaje, que, si lo hago, pasaré el resto de mis días retirado”. Le pregunté: «¿Cuál es ese viaje?» Respondió: «Llevaré azufre persa a China, pues he oído decir que allí tiene un elevado precio; de allí partiré hacia Bizancio con porcelana china, de Bizancio iré a la India cargado con brocados, de la India llevaré acero a Alepo, de Alepo llevaré espejos al Yemen y del Yemen llevaré mantos yemeníes a Persia. Después de esto, abandonaré el comercio y pondré una tienda”. A decir verdad, dijo tantos absurdos que ya no le quedó ninguno por decir. Luego dijo: «¡Oh Sa‘dí! Cuenta tú también algo de los que has visto o escuchado”. Dije:

Que en el desierto de Ghur oí contar

que a un señor se le cayó la carga de su asno.

Dijo: «Las estrechas miras del mundano

acaba llenando su tumba o su saciedad».

[1] Mar Mediterráneo.


7. Vi a un maestro en el Magreb que era antipático, de habla áspera, malhumorado, cruel, miserable y desenfrenado. Cuando los creyentes le veían, su gozo se tornaba en acritud y cuando él recitaba el Corán a la gente se le ennegrecía el corazón. Un grupo de muchachos y muchachas inocentes estaban bajo su tiranía y no tenían ni ganas de reír ni tampoco osaban hablar. Unas veces abofeteaba el bello rostro de alguno de ellos, y otras sometía al tormento sus pies cristalinos. Supe que finalmente su proceder reprobable llegó a conocerse; le pegaron, le expulsaron y le dieron su escuela a un hombre apacible, asceta, buen hombre, benévolo, que no hablaba si no lo veía menester y que nunca molestaba a nadie con su lengua. Los niños olvidaron el miedo que sentían con el primer maestro y vieron en el segundo preceptor una forma de ser angelical, y, uno a uno, se fueron convirtiendo en demonios. Debido a su benevolencia, olvidaron su ciencia y pasaban la mayor parte del tiempo jugando y rompiéndose en la cabeza los pizarrines sin escribir.

Cuando el maestro y el profesor son benignos,

en el bazar, a la pídola jugarán los niños.

A las dos semanas pasé junto a aquella mezquita y vi al primer maestro, al que habían contentado, restituyéndole. La verdad es que me disgusté y exclamé: no hay poder sino en Dios y me pregunté por qué habían puesto de nuevo al diablo para que instruyese a los ángeles. Un venerable anciano, experimentado en el mundo, me oyó y dijo riéndose:

A su hijo mandó al colegio un soberano

con un pizarrín de plata en la mano,

donde con letras doradas decía: «Mejor

que el amor paterno, es la tiranía del profesor».


8. Oí que un príncipe era bajo de estatura y de aspecto ruin, y sus hermanos, altos y de hermosa apariencia. En cierta ocasión, su padre le echó una mirada de desprecio con la que le daba a entender su desestima. El hijo, mostrando perspicacia e ingenio, dijo: ¡Oh padre!, un bajo instruido es mejor que un alto inculto, y no todo aquel cuya estatura es mayor, más alto es su valor. El cordero se come y el elefante no es más que un despojo.

Tur, de las montañas del mundo es la menor [1]

pero en dignidad, para Dios es la mayor

¿Oíste lo que le dijo un sabio delgado

en cierta ocasión a un gordo iletrado?

«Es mejor un caballo árabe enfermizo

que tener lleno de burros el cobertizo».

El padre rióse, los ministros lo aprobaron, pero los hermanos se ofendieron.

Mientras un hombre ni una palabra haya proferido,

sus virtudes y defectos se hallan escondidos.

No creas que las junglas nada las habita,

que quizás en alguna, una pantera dormita.

Oí que por aquellas fechas le amenazaba al rey un poderoso enemigo. Cuando ambos bandos se encontraron frente a frente, aquel hijo fue el primero que se lanzó al campo de la lid diciendo:

Yo no soy ese que da la espalda al frente,

pero si ves una cabeza en el barro, quizá sea la mía,

pues el que lucha se juega su propia vida

y el que huye, se juega la de los combatientes.

Diciendo esto se abalanzó contra el enemigo y abatió a muchos guerreros. Cuando regresó ante su padre, besó el suelo y le dijo:

¡Oh tú, que mi persona ruin te parecía!

No creas que lo grande tiene más valía;

un caballo delgado, en el día de la batalla

es de más utilidad que una vaca cebada.

Se cuenta que las tropas del enemigo eran numerosas, y ellos, pocos en cuantía. Unos cuantos tuvieron intenciones de desertar. El muchacho les dijo gritando: «¡Oh hombres!, mostrad bizarría o vestid indumentaria femenina». Al oírle, los jinetes redoblaron su coraje y arremetieron contra el enemigo. Oí que aquel día también derrotaron al oponente. El rey le besó los ojos y la cabeza y lo colocó a su lado, y cada día su afecto hacia él iba en aumento hasta que lo nombró príncipe heredero. Los hermanos, envidiando su hado halagüeño, le envenenaron la comida, pero su hermana lo vio desde su aposento y abrió y cerró la ventana [como señal]; el muchacho lo advirtió, y, apartando sus manos de la comida dijo: «Es imposible que, tras morir un hombre inapreciable, sea sustituido por uno despreciable».

Nadie se amparará bajo la sombra de un búho

si el Homâ [2] desaparece de este mundo.

Le hicieron saber al padre lo acontecido. Hizo llamar a los hermanos y los reprendió severamente. Entonces, les asignó a cada uno una provincia hasta que se aplacaron las hostilidades y las disputas, pues diez derviches duermen en una alfombra pero dos reyes no caben en un país.

Si medio pan se come un piadoso

a los derviches les da el otro trozo;

si un rey conquista los Siete Climas

en los otros fronterizos tendrá sus miras.

[1] Towr, en árabe, montaña. Es una alusión al Sinaí, es decir, la montaña por antonomasia por haber sido dónde Moisés recibió su revelación. Ver Corán, azora LII (El monte).

[2] Ave de la mitología persa representada en algunas figuras que pueden verse hoy en las ruinas de Persépolis. Su visión traía buena suerte y su único alimento consistía en huesos.


9. Una banda de ladrones árabes se encontraba apostada en la cima de una montaña; tenían cerrado el paso de las caravanas, los habitantes de la región estaban intimidados por sus emboscadas, y el ejército del sultán, doblegado, pues se habían refugiado y atrincherado en un lugar inaccesible de la cima. Los consejeros de aquellos reinos deliberaron entre ellos para alejar de sí aquella calamidad, ya que, si continuaban resistiendo, les sería imposible enfrentarse a ellos.

Un árbol que raíces acaba de echar,

con la fuerza de un hombre puede ser movido,

más si largo tiempo está en el mismo lugar,

no lo arrancarás ni tras haberlo retorcido.

Se impide con una pala que un arroyo avance,

pero cuando se llena, no lo pasa un elefante.

Así pues, resolvieron enviar a alguien para que los espiasen y aguardar la primera ocasión en que abandonasen el lugar para cometer alguna fechoría. Luego enviaron a varios aguerridos para que se escondieran en el valle. Por la noche, los ladrones regresaron de la incursión con el botín, se desarmaron, se desvistieron y guardaron el fruto de su pillaje. Poco tuvo que avanzar la noche para que el primer enemigo en atacarles fuera el sueño:

Se ennegreció el disco solar,

en la boca del pez entró Jonás.

Aquellos aguerridos salieron de su escondite, les ataron las manos a la espalda, y, al amanecer, fueron llevados ante el rey. Este dio orden de que los matasen a todos. Ocurrió que entre ellos había uno que estaba en la flor de su juventud, con barba recién crecida cual hierba de un jardín. Uno de los visires, besando el suelo ante el trono del rey y mediando, dijo: «Este muchacho, aún no ha comido ninguna fruta del huerto de la vida y ni siquiera ha crecido del todo. Un servidor espera magnanimidad de su majestad y que actúe con gracia no derramando su sangre». El rey, al escucharlo frunció el ceño, y, no estando de acuerdo dijo:

 Por la luz de los píos no será influido

aquel que es mal nacido.

Como colocar una nuez en una cúpula,

es educar a los indignos.

Es primordial extirpar de raíz esta baja ralea, pues apagar fuego dejando las ascuas y matar víboras y dejar sus crías, un sabio no lo haría.

Aunque de las nubes llueva agua de vida

no comerás fruto de un sauce jamás.

Con un bellaco no compartas tus días,

que, de la caña corriente, azúcar no comerás».

El visir escuchó aquello, aprobólo pero con desgana y alabó el razonamiento del rey  diciendo: «Esto que mi señor, alargue Dios su reinado, acaba de decir, mucha verdad encierra, pues si el muchacho se educara con esos malhechores acabaría como uno de ellos; sin embargo, un servidor alberga la esperanza de que si se junta con la gente de bien, acabará adoptando la usanza de los sabios ya que aún no es más que un muchacho y no le ha dado tiempo de adoptar la crueldad y rebeldía de su banda, pues dice uno de los hadices: Todos los niños nacen con inclinación hacia el islam [1], pero son los padres los que hacen de ellos un judío, un cristiano o un mago.

Con los malvados se asoció el hijo de Noé

y su saga de profetas, terminó con él; [2]

el perro de la caverna asocióse varios días

y se hizo humano con la gente pía». [3]

Al decir esto, varios cortesanos le ayudaron a interceder hasta que el rey renunció a la sangre del muchacho diciendo: «Lo perdono, aunque no lo vea apropiado».

¿No sabes lo que al héroe Rostam le dijo Zâl?

«No subestimes al enemigo ni lo tengas en nada

muchos arroyuelos hemos visto de ínfimo caudal

que al camello cargado se llevó sus aguas desbordadas».

Así pues, el muchacho recibió una educación esmerada y dispuso de maestros para su enseñanza a fin de que aprendiera un lenguaje exquisito, el arte de responder y otros hábitos para el servicio de su rey hasta que fuese del agrado de los suyos. En cierta ocasión, el visir quiso alardear ante el rey explicándole cómo el muchacho había adquirido talento y buenas cualidades merced a la buena influencia de los sabios y cómo había superado su anterior ignorancia y conducta. El rey, al escucharlo, sonrióse y dijo:

En lobo se convertirá

el lobezno cuando crezca

y el criarse con humanos

no hará que se nos parezca

Dos años transcurrieron de esta guisa hasta que una banda de salteadores se unió al muchacho; pusiéronse de acuerdo cuando la ocasión se presentó, mataron al visir y a sus dos hijos llevándose consigo una incalculable fortuna; se rebeló y se asentó en las cuevas ocupando el puesto de su padre. El rey, trastornado por aquello, dijo mordiéndose los dedos:

¿Cómo se puede hacer con un vil metal un buen sable?

¡Oh sabio!, con lecciones no se hace persona un indeseable.

La lluvia, que no vemos tacha alguna en su naturaleza

en un jardín hace crecer amapolas, y en tierra yerma maleza.

Con la mala gente mostrarse indulgente

es como hacerle el mal a la buena gente.

[1] Inclinación hacia el islam, en el original se usa la palabra árabe «fitra».

[2] Véase Corán XI (Hud), aleyas 42-49 y Génesis 7. En el Génesis no se hace referencia alguna de que se quedara en tierra alguno de los hijos de Noé, sin embargo, sí se hace en el Corán donde los exegetas han intentado dilucidar sin mucho éxito a cuál de sus hijos se refiere. Sea cual sea, según el Corán uno de los hijos de Noé pereció en el Diluvio por no hacer caso a su padre.

[3] En árabe, ashâb al-kahf. Referencia al Corán XVIII (La caverna), aleyas 9-26, donde se cuenta la leyenda cristiana de «los durmientes de Éfeso»; unos creyentes, acompañados de un perro, huyeron del emperador romano Decio (249-251) para no adorar a los ídolos. Llegaron a una caverna y allí se quedaron dormidos todos durante 196 años. Cuando despertaron, en tiempos del emperador Teodosio, ya todo el imperio se había convertido al cristianismo.


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