15 diciembre 2017

Cronología y Origen

 

Irán: origen y desarrollo de una idea

mapa del Imperio Persa en la antigüedad

El nombre de Irán evoca una de las civilizaciones más grandes del mundo en todos los campos: en el arte antiguo, medieval y moderno; en la historia, especialmente de la Antigüedad; en el pensamiento filosófico y religioso, ya sea antes o después del advenimiento del Islam; en la literatura y en la difusión de una lengua, el neopersa, que se convirtió en el vehículo de una gran fe universal, la primera lengua «islamizada» de la historia, según una feliz definición de Bert G. Fragneri. La civilización irania siempre ha ostentado una clara supremacía cultural en gran parte de Asia —desde el Asia central hasta el subcontinente indio— y ha sido el entramado de una fuerte identidad nacional basada en motivos eminentemente culturales.

La idea política, religiosa y étnica de Irán es, en realidad, un producto característico de la primera mitad del siglo III d.C. y, según parece, un pilar esencial de la propaganda de la dinastía sasánida en los años veinte de aquel siglo. Pero también es el resultado de un largo proceso histórico. Si bien es cierto, según los datos de que disponemos actualmente, que en cuanto idea política no puede remontarse más allá del reino de Ardashir I (224-241 d.C.), [FIG. 1] como concepto étnico y religioso es mucho más antiguo.

Fig1, Dracma del Gran rey sasánida Ardashir I (224-241 d.c.)

Por el orden en que se van relacionando todas las tierras del imperio en los diferentes textos de las inscripciones de Darío I (522-486 a.C.), se demuestra que en esa época ya existía claramente el sentimiento de pertenencia a la nación arya. Darío I y Jerjes I (486-465 a.C.) definían con este adjetivo a la estirpe a la cual tenían el orgullo de pertenecer. Téngase en cuenta que el nombre irān deriva de una expresión sasánida, Ērān-šahr «reino (o nación) de los arya», compuesta por un genitivo plural del nombre étnico en persa medio ēr, (la misma forma que, con epéntesis, existe en avéstico) y del sustantivo xšāθra que significa «poder, reino» en iranio antiguo.

Sabemos que los arya tenían un dios supremo, Ahura Mazda, definido como el «dios de los arya» en un pasaje del texto elamita de la inscripción de Darío I en Behistún (DB, correspondiente al texto en persa antiguo DB IV, 60 y 62) [FIG. 2] [FIG. 4] asimismo, la lengua irania de esta inscripción se conocía como arya (DB IV, 88-89), y arya era también el nombre antiguo de los medos, según la afirmación de Herodoto (VII, 62).

Fig2, Relieve rupestre de Dario I (522- 486 a.c.)

Fig2, Relieve rupestre de Dario I (522- 486 a.c.)

Fig4, Detalle del relieve rupestre de Dario I (522- 486 a. c.)

Encontramos testimonios epigráficos —desde la inscripción de Shapur I (241-272 d.C.) en la Ka’aba-i Zardusht [FIG. 10], hasta las monedas de Bahram II (276-293 d.C.); [FIG. 59]— con la expresión o el título ēr mazdēsn, «ario mazdeo», atribuido a príncipes o a soberanos sasánidas, donde ēr tiene un claro significado étnico. Asimismo, está muy extendido el uso de la forma del singular ēr del plural ērān, ya sea en las denominaciones de los reyes (šāhān šāh Ērān [ud Anērān] «Rey de reyes de los arya y de los no arya»), como en la de los miembros de la administración civil y militar (Ērān-spāhbed, el mariscal del imperio; Ērān-drustbed, el arquiatra imperial; Ērān-amargar, una especie de administrador general estatal; Ērān-hambāragbed,

el supervisor del almacén de víveres; Ērān-dibārbed, primer escriba) o de la toponimia de la región de Fars (Ērān-šahr Sābuhr, Ērān-āsān-kar, Ērān-winard-Kavād, Ērān-xwarrah-Sābuhr) o bien, finalmente, en expresiones como Ērān-xwarrah «el esplendor (o la gloria) de los arya» o Ērān-wēz «la expansión arya», en las que evidentemente destacan conceptos propios de la tradición religiosa (véase en avéstico: airyan∂m x ar∂nō y airyan∂m vaējōJ.

Así pues, la ideología político-religiosa del Irán sasánida se reclamaba heredera de la tradición religiosa del zoroastrismo es decir, del Avesta y del clero de los mowbed y de los Erhbed— y del lejano pasado aqueménida, ciertamente poco conocido.

Esta doble herencia sirvió para caracterizar las bases teóricas sobre las que fundamentar tal construcción ideológica: la realeza y la religión. La monarquía y la iglesia de los magos, a pesar de sus frecuentes enfrentamientos, fueron sin duda los dos pilares más sólidos de la sociedad del Irán sasánida.

En la historia de Irán son recurrentes las tentativas de legitimar el presente recurriendo a un pasado sustancialmente ficticio e invocando la recuperación de los supuestos valores tradicionales en un contexto ideológico arcaizante, con el propósito de hacer parecer plenamente legítima una nueva dinastía o una nueva época. En 1971 la dinastía Pahlevi organizó una gran celebración en Persépolis para consagrar la continuidad del imperio persa a lo largo de 2.500 años de historia y para mayor gloria del Rey de reyes (āryāmehr, el «sol ario», título inventado y provisto de una innegable pátina de antigüedad).

Ésta fue sólo una de tantas manifestaciones semejantes, bien conocidas por los estudiosos de la historia irania desde la época aqueménida. Es significativo que Alessandro Bausani, en un breve ensayo sobre la milenaria tradición irania, reconstruyera cuatro grandes periodos de «rearcaización» nacional: bajo las dinastías Aqueménida, Sasánida, Safávida y Pahlevi, y subrayara el hecho de que todos estos periodos sucedieran a otros especialmente fecundos desde el punto de vista de las relaciones interculturales con otros pueblos, en aquellos territorios más expuestos a las invasiones extranjeras: griegos, árabes, turcos, mongoles, etc.

No hay duda de que el Irán safávida, después del sasánida, desarrolló una cultura estrechamente ligada a la suerte de un nuevo Estado nacional. Sin embargo, estudios recientes han arrojado una nueva luz sobre el papel que desempeñaron los mongoles (siglos XIII – XIV) en la construcción de la identidad nacional de Irán. Los estudios de Dorothea Krawulsky sobre el dominio de los Ilkhan y los de Bert G. Frangner sobre las raíces históricas del concepto político de Irán, con una perspectiva historiográfica mucho más amplia, han sido decisivos en lo que a este punto de vista se refiere. Ahora podemos afirmar que hay razones suficientes para trazar una continuidad desde los mongoles y los safávidas hasta los Qayar y los Pahlevi. El papel que la herencia mongol ha desempeñado en el desarrollo histórico de la identidad nacional irania ha sido muy notable y desautoriza la tesis de que los safávidas fueran deudores directos de los sasánidas en lo que concierne a la transmisión de la idea de Irán. Hay que señalar la importancia de que grupos étnicos no iranios hayan contribuido de manera tan determinante a la afirmación de esta idea, lo que prueba la gran fuerza de atracción que la civilización irania ha ejercido desde siempre en las culturas de otros pueblos, dentro y fuera de Irán.

La idea de Irán, ligada a la monarquía sasánida no menos que a la religión zoroástrica, no se extingue con el dominio árabe ni con la conversión al Islam. Esto se debe a que la clase social que había constituido la columna vertebral del imperio sasánida (los dahigān, o los dehqān de la época islámica) no perdió sus prerrogativas y permaneció unida a la cultura y a las tradiciones nacionales, precisamente porque la idea de Irán había tenido un valor no sólo religioso sino también cultural en un sentido amplio, más allá de lo propiamente político. Esta idea permaneció viva en la imaginación de los sabios y de los

poetas, convirtiéndose en parte esencial de la herencia cultural de dicha clase social —verdadero baluarte de la sociedad sasánida, especialmente a partir del siglo VI— que posteriormente abrazaría el Islam. Gracias a ello, la idea de Irán consiguió sobrevivir no sólo a la extinción del zoroastrismo, sino incluso a la caída de aquella monarquía que en la primera mitad del siglo III había hecho de ella el elemento central de su propaganda. De esta manera pudo integrarse en el horizonte supranacional de la gran ummah islámica conservando sus características peculiares.

IRÁN EN LA ÉPOCA PREHISTÓRICA Y PROTOHISTÓRICA
NEOLÍTICO RECIENTE 6500-5500 a.C
CALCOLÍTICO MEDIO 5500-5000 a.C
CALCOLÍTICO ANTIGUO 5000-4500 a.C
CALCOLÍTICO RECIENTE 4500-2900 a.C
EDAD DE BRONCE INICIAL 4500-2900 a.C
EDAD DE BRONCE MEDIA Y RECIENTE 2000-1300 a.C
EDAD DE HIERRO I 1500-900 a.C
EDAD DE HIERRO II 1000-800 a.C
EDAD DE HIERRO III 800-600 a.C

IRÁN EN LA ANTIGÚEDAD

MEDOS 674-550 a.C
AQUEMÉNIDAS 558-330 a.C
ALEJANDRO MAGNO 334-323 a.C
SELÉUCIDAS 312-139 a.C
SELÉUCIDAS 312-139 a.C
ARSÁCIDAS (PARTOS) 247 a.C-224 d.C
SASÁNIDAS 224-651 a.C

IRÁN EN EL PERÍODO DE INICIO DEL ISLAM

OMEYAS 661-750 d.C
ABBASÍES 749-1258 d.C
TAHIRÍES (JURASÁN) 820-872 d.C
SAFFARÍES (SISTÁN, FARS) 867-1221 d.C y más tarde
SAMANÍES (TRANSOXIANA, JURASÁN) 874-999 d.C
BUYÍES (KHUZISTÁN, FARS) 932-1055 d.C
ZIRÍES (TABARISTÁN, GURGÁN) 928-1042 d.C
GAZNAVÍES (AFGANISTÁN, INDIA) 962-1186 d.C
SELYÚCIDAS 1038 -1187 d.C
CORASMIO 1098-1219 d.C
MONGOLES 1219- 1335 d.C
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