23 octubre 2017

Viajar a Irán: La riqueza de la gente y una cultura que te sorprende


“Impresiones de viaje a Irán”: proyección de fotografía y tertulia

 

Manuel y su pareja Soraya viajaron a Irán en las pasadas Navidades en el marco de las Rutas Culturales supervisadas por Centro Persépolis.

Además de compartir su impresión , nos proyectará algunas de sus fotos de este viaje.sm

“Brotó,

Floreció

Se marchitó

Se cayó

Ni uno solo la vió.

Este poema breve sobre la belleza de una flor, escrito por el maestro Kiarostami, puede resumir qué es Irán para el mundo occidental. La antigua Persia, es una exquisita flor en mitad de una llanura, que pasa desapercibida a los ojos del mundo, pero que no por ello va a florecer con menor exuberancia. Sin duda, un país de una belleza incomparable que, debido a los medios de comunicación y a las tensiones de la política internacional, pasa desapercibido para la mayoría de nosotros, cayendo en una mezcla de olvido y temor que está muy lejos de la realidad del país. Un país que, al igual que muchos otros, distintos intereses han ido generando inestabilidad política y que, a día de hoy, hace que al mirar el mapa de sus fronteras te plantees si es una buena idea visitar. Desde mi punto de vista y experiencia, la respuesta es fácil y rotunda: SÍ.

Es un país de una riqueza enorme, tanto a nivel arquitectónico como histórico. En cuanto aterrizas allí te das cuenta de que es  de una de las cunas de la civilización. Se trata de un cruce de caminos de distintas culturas que, con el paso de los siglos, han ido dejando un legado para el disfrute de la gente que lo visita. Pese a conocer por libros, reportajes y blogs la majestuosidad de su mezquitas y palacios o la magia que se puede experimentar al contemplar una puesta de sol desde la Puerta de las Naciones de Persépolis, hay que estar allí para darse cuenta de la belleza de estos enclaves.

Pese a todo esto, la mayor riqueza de Irán no se encuentra en sus hermosas  mezquitas, sus imponentes palacios ni sus majestuosas ruinas, que dejan sin aliento al viajero. El tesoro mejor guardado de Irán está muy cerca de sus monumentos y se encuentra nada más llegar al país, el mayor patrimonio de Irán es, sin ninguna duda, su gente.

Para el viajero es fácil notar cuándo llegas a un destino en el que te vas a sentir como en casa. La cercanía con la que te reciben y el cariño con el que tratan al extranjero lo he visto sólo en un par de países más. Nuestras costumbres y hospitalidad son tan cercanas a las suyas que viajando a Irán te explicas por qué un español se encuentra más cómodo y se entiende mejor con un iraní que con gente de otros países que geográficamente son más próximos a España.  El iraní, además de ser gente muy cultivada y educada (no es casualidad que sea el país con mayor número de universidades del mundo) es gente que disfruta de la conversación alrededor de un té o un café y se pierden en la dialéctica y la curiosidad por conocer un poco más de la persona que viene a visitarle. Sin duda, la mejor visita cultural que se puede hacer allí es acercarse a cualquier persona en un bazar o por la calle y pronto descubriremos que nos hemos convertido huéspedes en alguna tienda o casa en la que, los anfitriones, muy lejos de querer vendernos algo, lo único que hacen es disfrutar con la inesperada visita e intercambian té y dulces a cambio de conversación. Sin duda, gente muy pura de corazón y risueña de espíritu.

En un aspecto más prosaico, hay que destacar que Irán es un país totalmente seguro, posiblemente a la altura de Japón o Taiwán. Antes del viaje, el desconocimiento también me hizo tener cierto miedo a este destino y una vez que llegas allí te hace gracia la de cosas falsas que has leído o que te han contado. Hay tantas leyendas urbanas, que si tienes que ponerte anillos de casado si viajas en pareja, que si en la frontera te ponen mil trabas… Nada más lejos de la realidad, te sorprende la riqueza del país y la modernidad y calidad de las infraestructuras, así como la limpieza de las calles o la facilidad de zonas wifi en todos los hoteles y muchos cafés. El único miedo que hay que tener en Irán es al cruzar la calle o al conducir. Turquía, Egipto, Nepal o India son un juego de niños comparado con Irán. Por más cuidado que tengas al cruzar siempre piensas que vas a ser arrollado por unos cuantos coches a la vez, al menos te queda el consuelo de que si tienes que ser atropellado,  has tenido la suerte de ver esa pequeña flor que irrumpe y que ya para siempre se quedará en tu memoria.”



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